Fin de temporada

Acabó la  temporada (de verano) en la que he estado en muchas actuaciones que, sobre todo, han sido muy variadas, planteándose en casi cada una de ellos algún desafío. Por citar alguno de los retos, a primeros de julio, por ejemplo, tuve un show en una comunión tardía que coincidía con la celebración de unas bodas de plata: allí aproveché para estrenar una animación con música, asesorado de forma impagable por Sarah Fox, la mayor experta en este ámbito y en cualquier que tenga que ver con cualquier tipo de baile, tanto serio y profesional como “pachanguero”, como fue mi caso.

Otra actuación para el recuerdo fue a finales de julio en una fiesta familiar para un público muy heterogéneo en un centro especial que presta apoyos a mujeres con discapacidad intelectual. Fue un espectáculo en un pabellón polideportivo para unas doscientas personas encantadoras con ganas de pasarlo bien.

El mismo día, un par de horas más tarde, oficiaba una ceremonia como maestro de ceremonias, en una boda civil que se celebró en un hotel de Valladolid. Cambié mis pantalones piratas rojos, mi camiseta de rayas y mi sombrero por un traje negro, camisa con gemelos y mi mejor corbata para una ceremonia personalizada por la que recibí algunas felicitaciones que me hicieron especial ilusión, como una espontánea que pidió al final de la ceremonia “un aplauso para el que ha hablado” o como una de las fotógrafas contratadas que me comentó que, a pesar de su experiencia en muchas bodas oficiadas por un maestro de ceremonias, nunca había presenciado una tan personal y emotiva.

Ya en agosto, mes de fiestas en la mitad de pueblos de España, seguí rodando la animación musical y algunas otras novedades en mi número por localidades de distintos tamaños en Burgos, Valladolid, etc. Ese mismo més actúe en una boda, en este caso no tuvo nada que ver con mi faceta de oficiante, sino actuando con un espectáculo breve de variedades entre el final de la comida y el principio del baile, para unas 120 personas, la mayoría entre 25 y 35 años.

Y con algunas actuaciones privadas en eventos privados (fiestas programadas, un cumpleaños “last minute” para 20 niños de edades entre 4 y 5 años, en el que me buscaron como alternativa a un hinchable al desatarse una tormenta que hacía imposible montar la atracción…) llegamos al pasado viernes y sábado, dos actuaciones consecutivas en el Centro Comercial Las Huertas de Palencia conmemorando su 25 aniversario. No sólo fueron dos actuaciones (incluyendo de nuevo una animación musical, pero con una nueva música ahora) sino que también tuve que ejercer como maestro de ceremonias/speaker/presentador en la primera jornada, en la que participó el alcalde de Palencia, entre otras autoridades, hice sonar el “cumpleaños feliz”, preparé una bebida especial  “0,0”  y copas apropiadas para un brindis personalizado y en la que desde la organización se repartieron unas 600 raciones de tarta para celebrarlo con todos los asistentes.

Ahora ya ha llegado el otoño, con más desafios por delante. A por ellos.

 

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